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Kia Sportage

Espectacular salto de calidad por Joan Dalmau


Cuando hace medio año me puse por primera vez al volante del nuevo Hyundai Tucson, del que en este enlace tenéis la videoprueba, lo primero que noté es que la marca coreana había dado un paso de gigante en el que posiblemente era el aspecto menos satisfactorio del anterior iX35; el comportamiento dinámico. Teniendo en cuenta que el Tucson y el Kia Sportage comparten plataforma y motores, comprenderéis que la principal incógnita a la hora de ponerme al volante de la nueva generación de este último, era saber si habría evolucionado en la misma medida que su primo de Hyundai.

Y sí, efectivamente, lo ha hecho. Cuando hace casi dos años, con motivo de la salida al mercado de la actual generación del Nissan Qashqai, "inventor" y líder indiscutido del segmento en los últimos años, realizamos este comparativo que tenéis en el enlace en el que estuvieron presentes tanto el Hyundai iX35 como el anterior Kia Sportage (prueba del modelo que aún se vende). De aquella comparativa sacamos la conclusión de que el Kia era uno de los modelos más atractivos y más habitables pero, también, uno de los que menos a gusto se encontraba en carreteras de montaña por la blandeza de la suspensión y el poco rigor del chasis.


Respecto a aquel Sportage, el nuevo cambia de manera radical. Y para bien en todos los aspectos. La evolución estética es notable aunque menor que la que ha experimentado el Tucson respecto al iX35. La razón es muy simple. El Sportage anterior era, posiblemente, el coche más atractivo del segmento y Kia no ha querido apartarse de un diseño muy logrado. El nuevo, no obstante, mantiene la personalidad de su antecesor pero con una puesta al día muy atractiva. El frontal es lo que más cambia, con un morro en el que destaca la parrilla en forma de "nariz de tigre" que se ha convertido en el símbolo visual de la marca.

Los faros y los antiniebla adquieren más protagonismo que en la generación anterior. Los primeros pueden ser de xenón en los modelos más altos -Kia no ofrece, sorprendentemente, faros completos de LED- mientras que los segundos, pueden ser convencionales o bien de LED; en este último caso, el diseño de cuatro elementos cuadrados recuerda claramente al que se utiliza en los SUV de Porsche. El capó con dos marcadas líneas de carácter, un perfil en el que el contorno de las ventanillas, ahora cromado, es muy similar al del modelo anterior, unas manecillas de puertas que alternan el color de carrocería con un ligero cromado y una trasera en la que se definen tres líneas horizontales definen una estética muy atractiva.


Hay que comentar que Kia ofrece desde el inicio y para los motores más potentes una versión GT Line con una estética diferenciada. La parrilla tiene un tramado distinto aunque en ambos casos es negra brillante, el diseño de los antinieblas cambia, con el de "tipo Porsche" en el GT Line, los embellecedores de la parte inferior de ambos parachoques es plateado en este último y los escapes dobles caracterizan también al GT Line que, además, monta llantas de 19 pulgadas contra las de 17 de sus hermanos más modestos.

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